DECISION
(del libro de cuentos inédito
Salida de Emergencia)

El hombre ronca con la boca abierta. La mujer, sumergida bajo almohadones, no puede dormir. El hombre aspira profundo, largo, sostiene el aire y lo suelta con un quejido de trompeta desafinada. La mujer abre los ojos y lo mueve, empujándolo por un brazo. Pero el hombre ronca más fuerte. La mujer se sienta en la cama con las mandíbulas apretadas. El hombre empieza una nueva serie de resoplidos, más altos, más insoportables. La mujer lo odia cada noche un poco más. El hombre hace treinta y cinco años que no para de roncar. La mujer hace el mismo tiempo que no duerme bien. Hace dos décadas y media que no sueña, por su culpa. Un ronquido más. Ella podría volver a quererlo si él le regresara todos sus sueños, esos que no llegaron nunca. Y otro ronquido más. Pero no. Su piel huele a ronquidos, no a besos como ella imaginó que sería. Las sábanas huelen a ronquidos, no a amor como ella siempre deseó. La mujer se le entregó en cuerpo y alma, y el hombre se acostumbró pronto a eso. Y un ronquido más estridente que los anteriores. La búsqueda de aire infla una vena en el cuello del hombre. La mujer podría volver a amarlo si él abriera de pronto los ojos, la boca, y dijera esas frases con las que ella soñaba antes, hace más de treinta y cinco años. En cambio el cuarto entero huele a ronquidos: las cortinas, las alfombras, ella misma. El hombre abre los ojos y la mira. La mujer entonces también lo mira. Y lo sigue mirando, expectante. El ronquido del hombre es un silbido de alarma. Tal vez. A lo mejor esta noche. El aire que pasa apenas por la garganta del hombre se hace cada vez más delgado. La mujer no le quita la mirada de encima. El hombre tiene la boca abierta, pero no emite sonido. Y de pronto el silencio. El hombre ya no ronca. El dormitorio entero parece haberse quedado mudo. La mujer se acomoda. El hombre sigue en silencio. También inmóvil. La mujer cierra los ojos y por primera vez en ya ni se acuerda cuánto tiempo, se dispone a gozar hasta la última nota de quietud de su primer sueño de viuda.